GRUPO iNGENIEROS PEMEX CONSTITUCIÓN DEL 17

 POLÍTICAS DE EXPLORACION, EXPLOTACIÓN Y ADMINISTRACIÓN DE RESERVAS DEL PETRÓLEO EN MÉXICO

El petróleo es un recurso estratégico no renovable, por lo que ningún país que tenga acumulaciones de hidrocarburos puede darse el lujo de menospreciar el descubrimiento y desarrollo de reservas petroleras.

En México el petróleo es un bien de la nación cuyo aprovechamiento conlleva obligadamente la prospección petrolera. Durante más de 50 años Petróleos Mexicanos exploró el territorio nacional y desarrolló con recursos propios las reservas probadas que hoy día alimentan sus refinerías y apoyan una muy respetable exportación.

En gran medida, este logro ha sido producto de la labor de un dedicado grupo de profesionales y técnicos especializados, así como de 100 brigadas de exploración y de 200 equipos de perforación que operaron en mar, tierra y zonas lacustres con porcentajes de éxito equiparables a los de las mas prestigiadas empresas petroleras. La perforación exploratoria por administración directa permitió a Petróleos Mexicanos colocarse a nivel mundial tanto en reservas como en producción.

Lamentablemente, todo esto es historia. Gran parte de los profesionales y técnicos han sido jubilados o liquidados, las brigadas de exploración han desaparecido, los equipos de perforación escasamente llegan a sesenta, y Pemex extrae más de 3 millones 200 mil barriles diarios de petróleo crudo de reservas descubiertas hace más de veinte años y hoy en franca declinación. Baste señalar que los pozos exploratorios terminados se redujeron de 69 en 1985 a 18 en 1998, con tan sólo 11 equipos dedicados a esta actividad.

Esta situación obedece a razonamientos equivocados que establecen, por una parte, que no tiene objeto invertir en exploración si las actuales reservas cubren las necesidades de los próximos cincuenta años y, por otra, que reinterpretando información técnica y empleando "nuevas tecnologías", pueden "incrementarse" las reservas de los yacimientos en etapa avanzada de explotación.

Pero, aparentemente, los responsables de la industria petrolera nacionalizada, no toman en cuenta que tarde o temprano los yacimientos se agotan, y más acentuadamente, conforme se apresura su explotación, y que extraer a ritmos superiores a los técnicamente aconsejables acaba por reducir la recuperación total final.

Países que ya no tienen áreas con potencial petrolero se ven obligados a exprimir de yacimientos agotados, o cercanos al agotamiento, hidrocarburos remanentes empleando técnicas de sobrevivencia. El empleo de dichas técnicas en México es, desde luego, recomendable, pero de ninguna manera sustituye, como se pretende, a la exploración y desarrollo de estructuras geológicas, cuya ubicación y definición se tiene desde hace más de diez años; estructuras tales como las del talud continental del Golfo de México; las llamadas Mexican Ridges; las del talud de la Sonda de Campeche; los domos salinos submarinos, etcétera, que se encuentran dentro de la zona económica exclusiva de México y que sólo esperan ser perforadas para confirmar su potencial.

En la explotación petrolera, los conceptos de reservas probadas, de exploración y de producción van de la mano: cualquier cambio que se haga en uno de ellos necesariamente repercute en los otros dos. Valga asemejarlos a una cuenta bancaria. Las reservas probadas representan el saldo de la cuenta, los descubrimientos logrados vía exploración y desarrollo constituyen los depósitos, y la producción equivale a los retiros. Retirar fondos de la cuenta o producir petróleo irresponsablemente tarde o temprano agota el saldo o las reservas. Su aprovechamiento racional requiere de un manejo cuidadoso para no agotarlas prematuramente y verse precisados a importar, lo que equivale a pedir dinero prestado para contar con reservas en la cuenta bancaria.

Por razones técnicas mundialmente aceptadas, las reservas petroleras se clasifican en probadas, probables y posibles. Ningún banco acepta depósitos probables o posibles; abona en cuenta depósitos en dinero contante y sonante. Las reservas petroleras probadas equivalen a depósitos en efectivo; las probables y posibles representan títulos accionarios de diferentes grados de incertidumbre respecto de su convertibilidad en efectivo.

¿Por qué insistir en este punto? Porque Petróleos Mexicanos confunde deliberadamente reservas probadas con reservas probables y posibles y de esa manera da a entender que éstas también son dinero en el banco y que el futuro es color de rosa, cuando en realidad es motivo de alarma porque el recálculo de las reservas probadas en 1997, 1998 y 1999, con auditoría de consultores internacionales, arrojó una disminución de casi 45%, al bajar de 62 miles de millones de barriles de líquidos equivalentes en 1996 a 34 miles de millones en 1999, que combinada con la avanzada declinación de los yacimientos y con su explotación en algunos casos irracional, genera seria preocupación y hace posible un colapso en la producción por pérdida de energía y/o por invasión de agua o de gas. El campo supergigante de Cantarell, ubicado en la Sonda de Campeche, es ejemplo palpable de esta situación. Se trata de un campo que por sí solo aporta el 40% de la producción nacional de petróleo crudo y representa el 33% de las reservas probadas del país.

Al comienzo de su explotación, cada pozo rendía 30 mil barriles diarios, y al perder presión el yacimiento a lo largo de veinte años de explotación, la producción por pozo, aún con ayuda artificial, bajó al actual promedio de 7 mil barriles diarios. Tiempo hubo en que se le pudo haber represionado con gas natural que se quemaba, y se quema a la atmósfera. Ahora se destinan inversiones estratosféricas para represionarlo con nitrógeno, qué, según cuentas de Pemex, es más barato que el gas natural, pero que en pocos años contaminará el gas que se produzca con el aceite.

De todo esto resalta la importancia de planear y programar técnicamente y con apoyo en principios nacionalistas, el aprovechamiento óptimo del recurso petrolero a corto, mediano y largo plazos, estableciendo las políticas mas adecuadas y convenientes de exploración, de administración de las reservas y de explotación racional de los yacimientos. Para México, cuya recaudación fiscal depende en un 30% de los ingresos petroleros, esto es vital.

La eficaz y eficiente administración de las reservas implica manejar la producción a manera de que el volumen de reservas probadas mas el volumen de reservas probables, de rápida conversión a probadas, permita explorar, descubrir y desarrollar nuevas reservas, sin dejar de atender la demanda nacional y una razonable exportación. Este ajuste de producción no es sencillo de lograr, puesto que hay que obtener la máxima recuperación posible de hidrocarburos de cada yacimiento tomando en cuenta que el período de maduración de cualquier proyecto exploratorio varía de diez a quince años. Estados Unidos, desde principios de siglo y aún durante los años en que fue autosuficiente (a la vez que primer productor mundial), ha aplicado y aplica límites rigurosos a la producción de cada pozo, fijando dichos límites con base a criterios técnicos de máxima recuperación final del yacimiento en condiciones económicamente aceptables.

La administración ideal de un yacimiento prevé la obtención del máximo volumen total de hidrocarburos. Si el ritmo de explotación no es respaldado por estudios y pruebas exhaustivas, se puede dañar el yacimiento y sacrificar millones de barriles de petróleo cuyo valor excederá por mucho lo que se pueda obtener si se rebasa permanentemente el límite racional de explotación.

Es muy ilustrativo el hecho de que la producción de petróleo crudo se haya mantenido estable hasta 1996 en valores que oscilaban entre 2 millones 500 mil y 2 millones 800 mil barriles diarios, y que en 1998 el promedio ascendiera a 3 millones 70 mil. Este hecho, junto con la reducción certificada de las reservas probadas subraya y hace notoria la irracionalidad de incrementar la producción sin explorar intensivamente áreas promisorias para aumentar reservas vía nuevas provincias petroleras.

No se puede y no se debe soslayar impunemente el precedente histórico de los años 70’s en que la producción de petróleo fue insuficiente para satisfacer la demanda nacional, esto debido a la falta de perforación exploratoria. Hay que recordar que hubo que recurrir a importaciones de petróleo crudo. Nada remoto es que la historia se repita ahora que los principales campos se encuentran en franca declinación natural por su largo período de explotación.

Tampoco es válido desaprovechar la oportunidad de transformar crudos de bajos costos de extracción y de bajos precios de exportación, en productos petrolíferos y petroquímicos de alto valor agregado, malbaratando insensatamente grandes volúmenes de un recurso natural no renovable.

De todo lo anterior, se advierte claramente la ausencia de políticas adecuadas de exploración, de administración de reservas, de explotación racional de yacimientos y de aprovechamiento del potencial económico del recurso petrolero. Lamentablemente, no es posible instaurar de la noche a la mañana programas de administración de reservas, pero si es factible y además, mandatorio, abandonar lo antes posible la política de explotación irracional que amenaza lesionar gravemente la industria petrolera y con ella la economía del México del futuro. Con un esfuerzo tesonero técnicamente orientado es posible llevar a cabo una adecuada estrategia de explotación y un aprovechamiento óptimo del recurso petrolero.

En seguida se proponen algunos lineamientos tendientes a lograr ese propósito:

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  • Al implantar nuevamente la política de realizar por administración directa la mayor parte de los proyectos de exploración y los de perforación de pozos, tanto exploratorios como de desarrollo, se reviviría, en México, la fabricación de diversos equipos, tuberías, refacciones, materiales, etc., y se daría empleo a los profesionales egresados de las universidades e institutos tecnológicos que integrarían los cuadros de especialistas.
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