PEMEX CORTEJA INVASIÓN PRIVADA

                                                                                 

En días pasados, el diario Reforma reprodujo un artículo del Wall  Street Journal Americas sugestivamente titulado PEMEX CORTEJA INVERSION PRIVADA, augurando el inminente arribo del Apocalipsis: o le damos pastura a la vaca o nos quedamos sin leche.. Si no compramos 9 mil millones de dólares de pastura al año,  no vamos a generar electricidad por falta de gas ni—horror al crimen—exportaremos crudo a nuestro cliente no.1,  ni—doblemente horror al crimen—podremos levantar la dieta de hambre del fisco.  Eso,  en síntesis,  declaró el director general de PEMEX el 28 de junio,  y raudo cual gacela  lo tomó y difundió a los cuatro vientos  el WSJ. 

Ante esta catástrofe en ciernes,  ¿qué hacer,  por Dios bendito? Respuesta inmediata de nuestras audaces e imaginativas autoridades:  primero y ante todo,  no dejarnos arrastrar por el pánico;  segundo,  seguir importando gasolina,  gas licuado y demás petrolíferos con el  mismo encomiable tesón con que importamos maíz y frijol;  y tercero y más importante,  inducir a compañías petroleras a explorar nuestro territorio en busca de petróleo y gas, y una vez encontrado,  a repartirnos el pastel.  Así tutti contenti--los mecsicans y los buenos vecinos que nos hacen el favor.  ¿Sí?  ¡Pues no!

Pues no! Veamos por qué!.

Aunque todo mundo lo sabe,  y a nadie parece importarle, huyen más billetes verdes por importación de gasolinas y petroquímicos, y ahora gas natural, que los que se atreven a entrar por la exportación de crudo.  Y si los mecsicans nos fijamos,  el artículo de marras remacha: “las grandes empresas petroleras lograron la semana pasada una modesta presencia inicial en el sector energético mexicano (tan necesitado de liquidez) (sic),  cuando Royal Dutch/ Shell y El Paso Corp. dijeron que invertirían 300 millones de dólares en una planta en la costa este de México que convertirá el gas natural licuado nuevamente en gas.”  Bueno...podemos pensar,  ¿y qué? Pero,  poco más adelante aclara el artículo:  “...el acuerdo (que requiere de un compromiso a largo plazo por parte de Pemex para comprar el gas) se percibe como una señal importante del reconocimiento de México de que no puede resolver sus necesidades energéticas por sí solo.”  Y para redondear el punto,  continúa: “Sin duda,  Muñoz Leos puso énfasis en este punto la semana pasada,  al decir que México corre el riesgo de una caída brusca en sus exportaciones  petroleras si no compromete unos 9 mil millones de dólares al año en nuevas exploraciones,  un nivel que casi duplica el estimado por el Gobierno anterior de Ernesto Zedillo.  Una crisis mayor en las reservas y la producción podría significar...una caída en las exportaciones de petróleo.”  Y remata con esta  pequeña perla de sabiduría: “En cierto sentido,  la terminal de Shell/El Paso representa más de lo mismo,  en el sentido de que Pemex está intensificando su compromiso de importar combustibles en lugar de invertir para producirlos en casa.”

Para quién lo quiera entender,  el artículo del WSJ  pone el dedo en dos llagas y lo retuerce:  se acaba el crudo y el gas,  y se  importarán más combustibles porque no hay con qué producirlos.   Tan tan,  así de simple es el problema:  Y tan tan,  así de simple es la solución: que los vecinos gasten en buscar y así,  nosotros ponemos las vacas,  los vecinos la pastura y ambos compartimos la ordeña. Impecable:  más vale barril de crudo en la mano que ciento en el sótano.  Total:  como dice el artículo, la idea de contratos de desempeño (repartucha),  es vista  con buenos ojos por algunos en Pemex (y seguramente por muchos fuera de Pemex.).  Sólo habrá que revertir una ley de 1959 promovida por los (sic) sindicatos de Pemex sin necesidad de cambiar la constitución.  Así de fácil.    

 “Ahora,  en cuanto a que muchos ciudadanos y unos cuantos viejos petroleros nostálgicos estén dale y dale con que sacrificamos soberanía,  con que el petróleo es nuestro,  con que perdemos independencia económica,  y toda una retahila de posturas románticas trasnochadas,  no hay mas que una respuesta: Salgamos del atolladero, compañeros,  adelante con el plan.  Que los muertos entierren a los muertos.  Seamos  modernos,  globalofílicos,  pragmáticos.”  Así piensan los mecsican neoliberales. ¿Y cómo piensan nuestros  pragmáticos,  globalofílicos y  modernos vecinos?  Tienen mucho en que pensar.

Estados Unidos ya no es autosuficiente y cada día va pa’ peor.  Produce la mitad del petróleo que consume e importa la otra mitad; la administración tiene broncas por querer perforar en reservas ecológicas; y no quiere más guerritas en golfo de otro lado.  Prefiere cuidar el golfo de este.   Si va a tener  problemas,  mejor tenerlos de este lado del Atlántico.  Siendo hombre pragmático,  el presidente Bush tiene razón. 

Además,  en el otro brazo del binomio energético,  el eléctrico,  Estados Unidos depende cada día más del gas natural para generación,  pero el gas no es recurso inagotable y comienzan a sentirse los primeros síntomas de su inevitable escasez.  “Debemos formar una alianza energética Canadá,  Estados Unidos y México”,  dice el Sr. Bush.  Y esto no lo dijo el Sr. Bush,  pero seguramente lo pensó: “No va a ser club de consumidores.  Cada quién tendrá  que aportar algo.”  Pero he aquí que México no tiene con que hacer su parte. “ No le hace,  nosotros te damos la mano,  vecino. Con unos buenos contratos de desempeño,  olvídate.  Con ese incentivo habrá petróleo y gas para todos. Y si el precio baja,  no os preocupéis,  lo compensamos con volumen.  Pero, eso sí—hay que pensar en grande y en el largo plazo y  bien cimentado,  nada de que hoy sí y mañana, no.  Nadie le va a entrar si no tiene asegurado una buena utilidad y eso quiere decir tiempo y, además, apoyo oficial. Acuérdate lo que les pasó a las compañías en los países árabes;  en estos negocios no hay confianza que valga”.

México ya hace su parte:  promueve desaforadamente la contratación por propios y ajenos  de plantas de ciclo combinado que sólo generan con gas natural,  mismo que importaremos.  ¿De quién? Mesmamente de quienes se les está acabando y que venden a precio de oro.  Sí,  se puede importar en barco y eso proponen Shell y El Paso Corp y así marchamos con paso firme a formar parte de la alianza dirigidos por nuestros enérgicos funcionarios energéticos quienes a pesar de contar con suficiente petróleo crudo para resolver el problema de generación eléctrica y de importación de gasolinas,  diesel,  gas licuado y petroquímico, se empeñan en que consumamos gas natural y  petrolíferos y petroquímicos importados.  Es esto ser pragmático,  moderno y globalofílico?  

Y veamos si no es buen bisne explorar con nuestros propios recursos o apoyados por empresas que no cobran rebanada del pastel.  Datos de Pemex revelan que cuesta menos de un dólar descubrir un barril de petróleo crudo y 4.63.  Obviamente no todo es así de barato,  pero ya se tienen identificadas zonas por demás prometedoras que piden a gritos que se les perfore y que las compañías petroleras conocen tan bien o mejor que el mismo Pemex.  No hace falta mucha imaginación para ver la carita de contento de los ejecutivos de esas compañías en espera de que se les otorguen contratos de desempeño (“contratos riesgo”,  en buen romance),  contratos que no son nada nuevos en México,  que nos los dejaron de herencia las compañías expropiadas,  y que hubo que esperar hasta el gobierno del presidente Díaz Ordaz para acabar con ellos porque violan la ley que prohibe enajenar hidrocarburos en el subsuelo..

Y ahora,  la pregunta de los 64 mil millones de dólares:  ¿de donde va a salir el dinero para hacer nosotros mismos nuestro desarrollo?  De donde mismo salieron los 20 mil millones de dólares para el proyecto Cantarell y los 2 mil 500 millones para reconfigurar Cadereyta, y etc, etc. Y quitando del cuello de Pemex la pesada rueda de molino de un fisco que no puede o no quiere acabar con esa cómoda servidumbre.  ¿Cómo le hacen Japón, Corea,  Taiwan y demás tigres del Pacífico que no tienen petróleo,  y China que apenas empieza a resollar. Y aún el México que en tiempos no tan lejanos creó una pujante industria petrolera y una industria petroquímica estatal y privada que satisfacían  las demandas del país y aun exportaban excedentes.

¿Tanto así carecemos de talento, imaginación e iniciativa que no podemos repetir la faena sin sacrificar el patrimonio de nuestros hijos?  No puede ser;  no se trata de algo tan difícil como saltar del Jurásico al siglo 21.    
 

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