El Petróleo y sus Sembradores

 “He aquí el sembrador salió a sembrar.  Y mientras sembraba,  parte de la semilla cayo junto al camino y vinieron las aves y la comieron.  Parte cayo en pedregales,  donde no había mucha tierra,  y brotó pronto porque no tenía profundidad de tierra,  pero salido el sol se quemó;  y porque no tenía raiz se secó.  Y parte cayó en espinos,  y los espinos crecieron,  y la ahogaron.  Pero parte cayo en buena tierra,  y dio fruto,  cual a ciento,  cual a sesenta y cual a treinta por uno...”  Mateo,  Capítulo 13 versículos 3 al 9

 Es evidente que el evangelista escogió un sembrador bastante chambón porque el que conoce bien su oficio no siembra junto al camino,  en pedregales o entre espinos.  Así también es el petróleo--se pierde en manos de sembradores incompetentes,  y se multiplica al caer en buena tierra de manos de sembradores competentes.  Esto nos induce a preguntar  por qué nuestro petróleo no produce la prosperidad que tenemos el derecho de esperar,  y por qué otros países han superado la miseria de sus pueblos aprovechando el petróleo que ni siquiera es suyo de origen.

  México,  al parejo de Iraq,  Venezuela y otros más,  se empeña en explotar con singular imprevisión sus reservas petroleras sin buscar provecho duradero y sin temer su rápido agotamiento.  Nos resistimos a reconocer que los recursos no renovables que se explotan sin crear riqueza acaban produciendo miseria.  Olvidamos que el petróleo transformado en   petroquímicos y fertilizantes,  aparte de energía,   es un poderoso generador de riqueza permanente.

Japón,  Taiwán y Corea,  sin contar con una sola gota de aceite o soplo de gas natural en su subsuelo, disfrutan de economías cada día  más prósperas inundando al mundo de productos derivados de petróleo que compran a países tercermundistas que sólo saben malbaratarlo.  Paradójicamente,  México sí ha sabido como transformar su petróleo,  y sigue sabiendo cómo,  pero se empecina en dejarlo de hacer.  Y se empecina en dejarlo de hacer para  extraerlo desaforadamente sabiendo que sólo tenemos reservas para 12 o 15 años,  y para menos aún de gas natural.

Basta recorrer las calles del Centro Histórico para verse inundado de prendas de vestir,  zapatos,  artículos de plástico,  etc.,  todos ellos petroquímicos,  que socavan nuestras industrias a pesar de que contamos con petróleo 70% más barato que el que transforman quienes nos inundan desde allende el Pacífico.  Por lógica elemental México debería estar inundándolos a ellos,  y China en particular debería estar combatiendo el contrabando de artículos mexicanos.

Pero nos empeñamos (digo “empeñamos” porque el que calla otorga) en convertir el petróleo en dádivas que no alcanzan para dar de comer a los millones de paisanos que viven en la miseria,  y fingimos amnesia cuando se habla de cómo vamos a mantener a medias a los millones de infelices que seguiremos pariendo luego de agotado el   petróleo.  El sustento permanente de nuestras masas populares sólo se garantizará creando industria y haciendo producir al campo para lo cual son imprescindibles el gas y el petróleo.  Quienes lo duden que caminen un poco hacia atrás en el tiempo y vean el  éxito indiscutible de nuestra faena agrícola y petroquímica de hace pocos años.  Quienes no conocen nuestra historia petrolera están condenados a no repetirla.

En 1994 Petróleos Mexicanos tenía prácticamente la misma capacidad de producción de petroquímicos que tiene ahora—13 millones de toneladas al año—y producía 13 millones de toneladas al año.  En 2002 produjo 6 millones.  El propio director general de Pemex Petroquímica reconoció públicamente hace pocos días en el Quinto Congreso Internacional de Ingeniería Química del Tec de Monterrey que el valor de las importaciones de petroquímicos es prácticamente equiparable al valor de las exportaciones de petróleo crudo,  12 mil 800 millones de dólares contra 13mil 500,  por lo que el 50% del mercado nacional es atendido por importaciones.  Frente a esa insólita declaración y frente al hecho de que  Pemex Petroquímica opera a la mitad de su capacidad,  vale recordar que durante los años de máxima producción de la industria petroquímica de Pemex,  la contraparte privada creció en forma explosiva al ofrecerle Pemex sus productos petroquímicos 20% por debajo del precio internacional.

Ante estas circunstancias vale preguntar qué significa para Pemex reponer ese descuento.  Si se considera que en 1994 las ventas al público de petroquímicos de Pemex correspondieron al 11% de las ventas al público de todo Pemex,  el descuento representó el 2.2 %  de dichas ventas.  Si en 2002 las ventas de Pemex Petroquímica alcanzaron el 3.5 % de las de Pemex en su conjunto,  con el mismo descuento,  Pemex “sacrificaría” el 0.7 %.   Exagerando la nota,  con un  descuento del 50 %,  Pemex “sacrificaría” poco más del 1 %,  que se antoja ridículo al compararlo con el “sacrificio” del 64 % de la totalidad de sus ingresos brutos que hace a favor del fisco.

Rafael Decelis en su libro “Creatividad para el Desarrollo” calcula con datos oficiales del propio Pemex y del Instituto Mexicano del Plástico que en 1994,  por cada barril de petróleo extraído se generó 0.1 puesto de trabajo en la petroquímica de Pemex y para transformar los productos de Pemex,  la petroquímica privada generó 0.67.  Y los procesadores finales que elaboran zapatos,  telas,  utensilios,  películas,  botellas,  etc.  generaron 22.7 empleos.  Dicho rápidamente,  67 más 227 empleos en la industria privada por cada empleo de la petroquímica de Pemex.  Ante este potencial de generación de empleos,  se antoja poco menos que suicida sacrificar la petroquímica nacional pública y privada en aras de ganar unos cuantos pesos o dólares más.

¿Y  que se puede hacer cuando el petróleo se agote?  Lo mismo que hacen los Tigres del Pacífico:  seguir produciendo mientras se tengan las instalaciones y se pueda importar petróleo.

También hay que señalar una y otra vez la torpeza que se comete al sembrar entre pedregales una valiosísima materia prima,  el gas natural.  Dedicar las escasas reservas a generar masivamente energía eléctrica,  a sabiendas de que somos fuertes deficitarios en gas y a sabiendas de que se puede generar a costos muy inferiores con aceites residuales del petróleo del que todavía contamos con reservas suficientes,  no puede ser menos que incompetencia extrema.  Actualmente el 30% de la energía eléctrica se genera con gas natural y se importan 700 millones de pies cúbicos por día.  ¿Cuánto se importará en el 2010 cuando se genere el 50%,  también con gas natural?

  Petroquímicamente hablando (valga la expresión),  quemar gas para generar eléctricidad ha paralizado la industria de fertilizantes nitrogenados  obligando al agricultor a pagar el precio que le imponen productores extranjeros e introductores nacionales.  Pemex alega que el gas natural que se dedique a producir amoniaco se importa a razón de 5 dólares por millar de pies cúbicos,  pero omite aclarar que cuesta 1.50 producir el gas pero que por ser importadores netos,  tenemos que pagar a 5 dólares. 

  Por diversas causas,  en los últimos diez años el déficit comercial agropecuario con Estados Unidos ha crecido ocho veces (el año pasado ascendió a 6 mil cuatrocientos millones de dólares) y han desaparecido 770 mil productores y han perdido su empleo 1 millón 200 mil trabajadores.  Una de esas causas es sin lugar a duda el incremento en el precio de los fertilizantes importados que de otra suerte se elaborarían en México con gas natural barato.

  Pero no quedan ahí los efectos de la sin razón que impera en Petróleos Mexicanos en materia de empleos.  Es necesario ver el perjuicio que sufren tanto la Institución como los que le han servido leal y eficazmente,  y que aún están en edad de ofrecer sus conocimientos,  su experiencia y su capacidad de sembrar la semilla petrolera en buena tierra,  al ser despedidos para dar paso a gentes incapaces de manejar técnica y administrativamente una organización de la envergadura y complejidad de Pemex.

  Y hay que ver lo que sucede a ingenieros,  tecnólogos,  artesanos,  todos ellos altamente calificados que laboran fuera de Pemex a su servicio.  Hace menos de 15 años se dedicaban 23 millones de horas ingeniero al diseño de instalaciones industriales,  en importante medida petroleras.  Hoy se dedican 8 millones,  la tercera parte,  porque la mayor parte de la ingeniería se hace en el extranjero.  Las instalaciones que los ingenieros mexicanos diseñaban,  las construían  contratistas mexicanos con supervisión,  mano de obra,  equipos y materiales de fabricación nacional.  Hoy predominan contratistas extranjeros,  especialmente asiáticos,  que emplean técnicos,  mano de obra y equipos y materiales de sus propios países,  desplazando a mexicanos comprobadamente capaces de hacer el trabajo,  y sacrificando a fabricantes nacionales de equipos y materiales.  ¿Qué caso tiene producir semillas humanas para lanzarlas al camino?

  El futuro de México no se puede fincar en exportar cada día más y más petróleo,  ni poner el futuro tecnológico de la máxima empresa del país en manos extranjeras.  Es necesario transformar más y más petróleo en productos que generen empleos y poner más y más de esos empleos en manos mexicanas.  Extraemos tres y medio millones de barriles al día,  aprovechamos menos de la mitad y el resto lo exportamos en estado virgen.  Qué absurdo:  tener los recursos humanos  y naturales para inundar en lugar de ser inundados.

  Un dicho mexicano advierte que no tiene la culpa el indio sino quien lo hace compadre.  Ciertamente no tiene la culpa Pemex de que se desperdicien nuestros recursos petroleros,  sino los grandes estrategas y pequeños administradores que se han hecho sus compadres. 

  No vale olvidar que México,  S.A.  es más importante que Pemex,  S.A.,  y que el 40% de los dueños de Pemex son precisamente esos 40 millones de paisanos que viven en la miseria.

  Líbrenos Dios que México se convierta en el país de la eterna juventud...

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