PRIVATIZAR O DESNACIONALIZAR
Con la proclama de que PEMEX no se privatiza, nuestras máximas autoridades pretenden calmar las inquietudes de muchos ingenuos--incluyendo a más de un legislador--que no entienden, o que no quieren entender, que para desnacionalizarlo no es preciso privatizarlo.
Ningún
extranjero en su sano juicio se mete en camisa de once varas comprando
instalaciones de refinación y petroquímica viejas a sabiendas de que enfrentará
alaridos de protesta de los dueños y trifulca constitucional. Nada tan burdo
como extender un cheque y tomar posesión. Para una desnacionalización
efectiva, se requiere, metafóricamente hablando, de un transplante simultaneo
de corazón y cerebro, y de cirujanos de casa que gocen de la confianza del
paciente y de sus familiares. Transplante de corazón para borrar la querencia
de la gente por el negocio y transplante de cerebro para aceptar sin discusión
la sabiduría del vecino que lo viene a colonizar
Dicha operación comenzó hace algunos años. Comenzó reduciendo paulatinamente el volumen de trabajo de mantenimiento realizado con recursos humanos y físicos propios, compensándolo con mano de obra y supervisión externas. El sindicato, por supuesto, lo reclamó airada y repetidamente, pero con tiempo y concertacesiones, las reclamaciones amainaron, la práctica sentó reales y se redujo más y más la materia de trabajo y como resultado millares de profesionales, técnicos y trabajadores han sido liquidados o jubilados. Con ello la administración efectivamente adelgazó la nómina, pero calla el hecho de que PEMEX pierde lealtad, conocimientos y experiencia, y de que el supuesto ahorro se convierte en pago prematuro de pensiones. Los técnicos que quedan se convierten en simples inspectores de obra (si no es que “sílogos”) y los contratistas se quedan con el dinero, los conocimientos y la experiencia. (Grandes compañías petroleras de Estados Unidos tuvieron que echar marcha atrás en esta práctica porque sus mandos técnicos y sus trabajadores especializados comenzaron a perder conocimientos y habilidades.)
Una vez encarrerado el proceso, el plan se vuelve más y más ambicioso abarcando actividades que antes eran de la exclusiva pertenencia del personal de la Empresa. La exploración y perforación de pozos fue cayendo más y más en manos de contratistas extranjeros, y más y más equipos de perforación se malbarataron y brigadas de exploración se despidieron, a grado tal de que ahora quedan 30 de más de 200 equipos de perforación y cero brigadas de exploración. Así se ha ido perdiendo conocimiento y experiencia en el campo y generando dependencia incluso tecnológica de contratistas extranjeros porque los nacionales casi no tocan baranda.
Con esto se perfilan claramente dos caras de la estrategia de desnacionalización interna: pérdida de recursos humanos con su acervo de conocimientos y experiencia, y dependencia creciente de tecnólogos y supervisores extranjeros.
Y el proceso sigue de frente, ahora con mega contratos. Ya no basta contratar trabajos aislados, ni plantas de refinación o petroquímica individuales, ni actividades aisladas como exploración y perforación; ahora se recurre a mega contratos; contratos que, como su nombre lo indica, ponen en manos del contratista la ejecución íntegra de un proyecto, desde la ingeniería hasta la entrega en operación, de refinerías completas o complejos petroquímicos (Contratos Llave en Mano). O complejos de explotación que incluyen la construcción y mantenimiento de infraestructura para la exploración, perforación, y producción de hidrocarburos (Contratos de Servicios Múltiples), con el agravante de que en este caso, los contratistas son las grandes compañías petroleras internacionales que mucho interés tienen en adueñarse del petróleo mexicano.
Aparte de los serios inconvenientes de poner todos los huevos en una canasta, el rotundo fracaso del proyecto Cadereyta muestra inequívocamente el error de desmantelar de golpe y porrazo la experimentadísima organización central dedicada a la administración y supervisión de proyectos. No cabe duda de que venció la codicia a la prudencia. Ahora hay que a dar marcha atrás, obligando a fraccionar y concursar los grandes proyectos industriales en grupos de plantas, lo cual, horror al crimen, puede dar lugar a la participación de contratistas mexicanos. Pero en cuanto a establecer de nueva cuenta de cuadros técnicos capaces de administrar los proyectos, ni un paso al frente; se procederá a concursar su administración y supervisión desde ingeniería hasta puesta en marcha.
Seguramente conscientes del fracaso del Proyecto Cadereyta, los promotores de los Contratos de Servicios Múltiples deciden evitar toda responsabilidad en caso de que repita colorado. Nada más firme que contratar en un sólo paquete la construcción de las instalaciones y su operación y mantenimiento, todo bajo la responsabilidad exclusiva del contratista, matando tres pájaros de una sola pedrada: 1) eludir responsabilidad, 2) evitar la injerencia de personal técnico y profesional de PEMEX, y 3) dar entrada precisamente a quienes más interesa adueñarse del petróleo, las grandes compañías petroleras extranjeras, a sabiendas de que fuera de Pemex no hay compañías petroleras mexicanas, ni grandes ni chicas. Se trata, en resumidas cuentas, de contratos—los Llave en Mano y sus hermanos cercanos, los de Servicios Múltiples que no sólo dan puntilla al conocimiento y experiencia del personal técnico de PEMEX (y al personal en sí), sino también a las firmas nacionales de ingeniería, de construcción y de fabricación de equipos y materiales.
Y para cerrar con broche de oro, está en ciernes un contrato para redondear la estrategia de desnacionalización interna de PEMEX. Se requiere indoctrinar a todo el personal a efecto de que entiendan y acepten que la Empresa debe ser copia fiel de las grandes compañías petroleras y de su visión transnacional. El contrato se titula: “Selección y formación de agentes de cambio centrados en valores, liderazgo transformador y trabajo en equipo de alto desempeño,” e incluye... “Evaluación del perfil de agente de cambio a candidatos externos a ocupar cargos directivos nivel 44 en adelante...”. (El Nivel 44 corresponde a gerente de rama.) O sea, que no solamente se pretende lavar el cerebro de los de adentro, sino de admitir a niveles de alta jerarquía a personas ajenas al negocio que tenga la mentalidad preparada para encajar en el proceso de desnacionalización.
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